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lunes, julio 15, 2024

Murió de Covid el polémico exjuez Norberto Oyarbide

A los 70 años, murió el ex juez Norberto Oyarbide tras permanecer dos meses internado con un cuadro grave de coronavirus.

Estaba internado en el Sanatorio Otamendi y había sido intubado por complicaciones en su salud.

Polémico y extravagante, el ex magistrado federal estuvo al frente de un tribunal durante 21 años.

Había llegado a Comodoro Py en el mandato de Carlos Menem y renunció en 2016, ante Mauricio Macri, luego de que avanzara en el Consejo de la Magistratura un juicio político en su contra por su actuación en la causa que investigaba el enriquecimiento ilícito de Néstor y Cristina Kirchner.


Sus últimas apariciones públicas, ya retirado, lo vincularon a su debut radial como columnista de Coco Sily en Radio 10.

El pasado junio cumplió 70 años y realizó un festejo de cumpleaños con decenas de invitados y donde se habría contagiado de Covid.

A partir de allí estuco internado y en grave estado con una neumonía bilateral.

La vida pública de Oyardibe, en dos décadas de acción como juez federal estuvo rodeadas de escándalos en diferentes etapas:

A principios de 1994, el entonces secretario Legal y Técnico de la Presidencia de Menem, Carlos Corach, recibió un pedido del del titular de la SIDE Hugo Anzorreguy: nombrar a Oyarbide como juez federal. 

Menem había aumentado la cantidad de juzgados federales de 6 a 12 y necesitaban candidatos.

En 1995, sufrió el primer golpe cuando el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, lo incluyó entre los jueces de la famosa “servilleta de Corach”.

Tres años después de su nombramiento siguieron los alborotos. La Policía Federal allanó la habitación del narcotraficante mexicano Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”, en el hotel Fourn Season.

Descubrió que había llamadas al prostíbulo para hombres Spartacus de Palermo y fue a allanarlo. Eran de un turista norteamericano que se había alojado en forma anterior a Carrillo, luego se dieron cuenta. El conserje de Spartacus les advirtió que tenían la protección de Oyarbide y saltó el escándalo.

Así estalló el caso con Luciano Garbellano, uno de los promotores de Spartacus y los videos de sus clientes, entre ellos Oyarbide, eligiendo taxisboys vestidos como gladiadores romanos. Hubo un torbellino de acusaciones, sobre todo por enriquecimiento ilícito de un juez que comía todos los días en el restaurante La Recova debajo de la 9 de Julio.

Cuando Garbellano mientras intentaba extorsionar a Oyarbide fue herido a balazos, Corach llamó al juez, lo recibió y le preguntó sin vueltas:

Oyarbide empezó a ser investigado por el fiscal José María Campagnoli por enriquecimiento ilícito y la entonces diputada de la UCR, Elisa Carrió, empezó a ser su implacable acusadora en el juicio político abierto en la cámara baja.

“Carrió exagera tanto que cree que soy un corrupto desde que era un espermatozoide”, dijo una vez.

Estuvo 22 meses con licencia médica. Diputados aprobó su juicio político por mayoría. Pero el caso se trabó en el Senado por presiones de los menemistas.

Hasta el 11 de septiembre de 2001, el día del ataque terrorista a las Torres Gemelas de EE.UU., en que el peronismo aceptó votar el caso. Los peronistas votaron a favor de Oyarbide, con excepción del tucumano José Carbonell, la cordobesa Beatriz Raijer y el chubutense Osvaldo Sala. Estos tres votaron en contra, junto a todos los senadores de la Alianza entre la UCR y Chacho Alvarez.

El resultado fue 21 votos a favor y 21 en contra, pero hacían falta los dos tercios de los presentes para aprobar la destitución.

Después de un retorno con bajo perfil a tribunales, el lunes 12 de agosto de 2002 Oyarbide tomó una medida polémica: unificó las causas por la cuenta bancaria que Carlos Menem había ocultado en Suiza y por el supuesto enriquecimiento ilícito de su secretario privado, Ramón Hernández, ex cabo de la policía de La Rioja.

Cuando asumió el gobierno de Mauricio Macri empezaron sus problemas. Fue memorable la reunión con tuvo con el entonces ministro de Justicia, German Garavano, quien le pidió la renuncia para evitar un juicio político en el Consejo de la Magistratura. En medio de las lágrimas le preguntó a Garavano si quería que procesara a Cristina Kirchner para seguir, a cambio, en su cargo. Finalmente, renunció.

Así dejó los tribunales luego de 22 años como juez federal y pasó a bailar al ritmo de “La flor más bella”, en un curso el sindicato de los taxistas y luego a trabajar de panelista en una radio K.

 

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